En 1924 se publica el primer manifiesto del surrealismo y lo definía de la siguiente manera: “Puro automatismo psíquico por el cual se intenta expresar, bien verbalmente o por escrito, la verdadera función del pensamiento. Dictado verdadero y ausencia de todo control ejercido por la razón, y fuera de toda preocupación estética o moral”.
Los surrealistas intentaban buscar un punto de encuentro entre lo racional y lo irracional. Como modo de hallar esa verdad al margen de la razón convencional, practicaron la “escritura automática”, sin control racional ni ideas preconcebidas, en un estado semihipnótico. El problema fue cómo trasladar estas prácticas a las artes plásticas: hubo dibujos “automáticos”, pero existían muchos artistas que pintaban o esculpían controlando su razón. No todo el arte surrealista fue una adaptación a la escritura automática.
En 1929 se incorporó a este movimiento Salvador Dalí y fue el personaje surrealista por excelencia. En sus obras recuperaba el inconsciente y exhibía la propia personalidad.

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